Es un gusto saludarlos de nuevo. Una de las preguntas que más me hacen es: “David, ¿puedo tener una IA que me ayude específicamente en ciberseguridad, entrenada a mi manera?”. La respuesta es sí, y no necesitas saber programar ni entrenar un modelo desde cero. En este video les muestro cómo crear su propia GPT personalizada para asistir en hacking ético: búsqueda de vulnerabilidades, análisis de seguridad y tareas de Red Team.
¿Qué es una GPT personalizada?
Una GPT personalizada es una versión de ChatGPT que tú configuras para una tarea concreta: le das instrucciones fijas, un tono, un conocimiento base y unas capacidades. En vez de repetirle el contexto en cada conversación, lo defines una vez y queda especializado. Para un profesional de seguridad, es como tener un asistente que ya sabe cómo trabajas y en qué campo te mueves, sin arrancar de cero cada vez.
Cómo se arma, paso a paso
En el video lo construimos en vivo; estos son los bloques que verán y por qué cada uno importa:
1. Las instrucciones. El corazón del GPT. Aquí defines su rol (“eres un asistente de pentesting y Red Team”), cómo debe responder, qué metodología seguir. Unas buenas instrucciones son la diferencia entre un asistente genérico y uno que responde como un especialista.
2. Los iniciadores de conversación. Los botones de arranque rápido: “analiza esta salida de Nmap”, “sugiéreme vectores para esta tecnología”. Convierten el GPT en una herramienta de trabajo, no en una página en blanco.
3. Los datos que le entregas. Puedes darle documentos de referencia —tus checklists, metodologías, notas— para que responda basándose en tu propio material y no solo en su conocimiento general.
4. Las capacidades. Decides qué puede hacer: navegar por internet, ejecutar código, analizar archivos. Cada capacidad que activas amplía lo que el asistente resuelve por sí mismo.
Conoce sus limitaciones (esto es clave)
En el video le dedico un capítulo entero, y aquí insisto: una GPT personalizada es un asistente, no un oráculo. Tres límites que hay que tener presentes siempre:
Puede equivocarse con seguridad. Genera comandos o afirmaciones incorrectas con total aplomo. En seguridad, un comando mal formado o una suposición falsa cuestan caro: revisa todo antes de ejecutarlo.
Tiene barreras de contenido. El modelo base se niega a ciertas tareas ofensivas. Se puede orientar hacia el uso ético y educativo, pero no esperen que haga daño real por ustedes — ni deberían quererlo.
Lo que le cuentas, viaja. Si usas la versión en la nube, lo que le entregues sale de tu equipo. Nunca le des datos reales de un cliente, credenciales ni información sensible de un pentest en curso. Sobre esto hablo en detalle en el post de qué nunca compartir con una IA.
Para qué sirve de verdad en el día a día
Bien usado, un GPT de seguridad te acelera en: interpretar salidas de herramientas, redactar y explicar comandos, generar listas de verificación, documentar hallazgos y estudiar una tecnología nueva antes de evaluarla. Es un multiplicador de productividad para el analista, no un reemplazo de su criterio — la misma filosofía con la que enseño a usar agentes de IA conectados a herramientas.
Conclusión
Crear tu propia IA para hacking ya no es cosa de laboratorios: cualquiera con criterio puede montar en minutos un asistente especializado que le ahorre horas de trabajo mecánico. La ventaja no está en tener la herramienta, sino en saber dirigirla y conocer sus límites.
En la Academia SecPro te enseñamos a aplicar estas herramientas en escenarios reales de hacking ético, con la mentalidad de un profesional. Nos vemos en el próximo.